La foto en mi billetera era la madre del niño que acababa de poner a prueba-yumihong

Lo primero que hice fue preguntarle otra vez su nombre, por si el hielo, el miedo o mi culpa me habían hecho escuchar mal.

—Matías —me dijo.

Luego repitió el de su madre.

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—Elena Ruiz.

No había error.

No había coincidencia cómoda.

No había manera elegante de salir de ahí.

A los veinte minutos estábamos sentados en una cafetería pequeña de South Loop, con los guantes puestos sobre la mesa, una taza de chocolate caliente frente a él y un café negro frente a mí que se enfrió antes de que yo lo probara.

Matías comía despacio, con esa mezcla de hambre y prudencia que tienen los niños a los que la vida ya les enseñó que nada dura mucho.

Entre sus cosas llevaba una mochila azul con una cremallera rota.

De ahí sacó un sobre arrugado, doblado tantas veces que parecía tela.

Tenía mi nombre.

Héctor Molina.

La letra era de Elena.

No tuve que abrirlo para saberlo.

La conocía incluso después de trece años.

La inclinación leve de la h, la forma de cerrar la z, esa costumbre de apretar demasiado las letras cuando escribía con dolor o con rabia.

Matías me miró antes de soltarlo.

—Mi mamá murió hace casi tres meses —dijo—.

Me dijo que si alguna vez veía esa foto en manos de alguien, le diera esto.

Ahí se resolvió todo y, al mismo tiempo, empezó lo más difícil.

El niño que había devuelto mi billetera era el hijo de Elena.

Y, según las fechas, según sus ojos, según el temblor que yo sentía en el cuerpo desde que lo vi, era casi seguro que también era hijo mío.

Abrí la carta con los dedos torpes.

Decía:

Héctor:

No sé si esto vaya a llegar a ti.

Ya no sé casi nada con certeza.

Solo sé que nuestro hijo se llama Matías, que tiene tus ojos cuando se enoja y mi manera de callarse cuando lo hieren.

No te escribo para pedirte nada.

Llegué demasiado cansada para pedir.

Te escribo porque si yo falto, no quiero que él crezca creyendo que fue un error.

Hubo un tiempo en que tú me amaste.

Quiero creer que eso significó algo.

Si no vienes, lo entenderé demasiado bien.

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