Fui al panteón a llorar la trágica muerte de mi único hijo-giangtran

Fui al panteón a llorar la trágica muerte de mi único hijo pero encontré a dos pequeñas niñas idénticas rezando de rodillas en su tumba y cuando me dijeron por qué estaban ahí sentí que el mundo se rompía otra vez

El viento helado de la Ciudad de México me cortaba el rostro como cuchillas pero a mis sesenta y ocho años ya no le temía al frío de afuera porque el verdadero frío lo había conocido el día que enterré a mi hijo

Desde hacía cinco años llevaba ese peso conmigo no como un recuerdo suave sino como una presencia constante algo que nunca se iba algo que respiraba conmigo en cada paso en cada silencio

Iba al panteón cada semana sin falta no por costumbre sino por necesidad porque ese era el único lugar donde sentía que todavía podía hablarle aunque no hubiera respuesta

Ese día parecía igual que todos el cielo gris la tierra húmeda el aire pesado con ese olor que solo tienen los lugares donde la ausencia es permanente

Caminé despacio apoyándome en mi bastón siguiendo el mismo camino que ya conocía de memoria sin necesidad de mirar porque cada paso estaba grabado en mí

Pero cuando llegué algo no estaba como siempre

No era el viento

No era el silencio

Eran ellas

Dos niñas pequeñas idénticas arrodilladas frente a la tumba con las manos juntas la cabeza inclinada como si rezaran con una devoción que no corresponde a su edad

Me detuve

El corazón me dio un golpe seco contra el pecho porque no entendía qué hacían ahí por qué estaban en ese lugar exacto frente a ese nombre

Mi hijo

Mi único hijo

—¿Quiénes son ustedes

Pregunté

Mi voz salió más débil de lo que esperaba no por miedo sino por la sensación extraña de estar viendo algo que no debería estar pasando

Las niñas levantaron la mirada al mismo tiempo y fue entonces cuando sentí algo aún más inquietante

No era solo que fueran idénticas

Era la expresión

Triste

Seria

Demasiado adulta para sus rostros pequeños

—Venimos a verlo

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